Francisco Abelar Perea nació el 23 de septiembre de 1951.
Un hombre fiel a sus principios e ideales, un gran hombre lleno de fe y amor al prójimo; dentro de los datos biográficos poco conocidos sobre su vida, fue alumno del Seminario Conciliar de Huajuapan de León, desertó para entrar a la normal de maestros, donde se tituló como profesor de educación física.
No ejerció en su profesión debido a que se negó rotundamente a sobornos para no ser partícipe de la corrupción que suscitaba en el magisterio de aquellos tiempos. Estuvo presente en la protesta y matanza estudiantil de Tlatelolco, orquestada por el gobierno de Díaz Ordaz, viendo morir a muchos de sus compañeros.
Fue miembro de la Comisión Nacional de Emergencia con el pseudónimo de Coyote, socorriendo y apoyando a todo aquel que solicitaba su ayuda.
Fue miembro activo en diferentes ámbitos de la vida eclesiástica en la Iglesia Católica, manteniendo fuertes lazos de amistad con diferentes obispos diocesanos de Huajuapan, dentro de los que destaca su entrañable amistad con Monseñor José López Lara, un hombre altruista que en muchas ocasiones proporcionaba ayuda a la comunidad estudiantil y de profesores de la Escuela Primaria Rafael Amador y Hernández de Chila, un fuerte opositor a las injusticias en cualquiera de los ámbitos de la comunidad.
Fue chofer, miembro de cursillistas, catequista, miembro del consejo parroquial, ceremoniero en las liturgias eucarísticas; gracias a su carisma se pudo formar un pequeño grupo de monaguillos para el servicio de la parroquia. En diversas ocasiones fue presidente de la Adoración Nocturna Mexicana de la parroquia, logrando establecer la relación del grupo con otras secciones adoradoras. También impulsó dentro de la adoración nocturna el grupo de Tarsicios e Inesitas, incluso teniendo algunos problemas con miembros de los grupos religiosos de la parroquia, ya que no estaban de acuerdo con que se impulsara la adoración nocturna en la parroquia.
Debido a su avanzada edad y al cansancio, poco a poco fue apartándose de los actos litúrgicos de la parroquia y solo en ocasiones ayudaba en los grupos apostólicos. El Señor lo mandó a traer a su presencia el 22 de abril de 2024; sus restos descansan en el panteón municipal.