Hijo legítimo de esta parroquia, autor del cuadro de las ánimas del Santo Purgatorio promovido por su antecesor don Sixto Rodríguez, comprado en el año de 1895. Fue testigo de la erección de la Diócesis de Huajuapan de León en 1903, participó en el primer Concilio Diocesano, y también fue testigo de la elevación a vicaria foránea de la parroquia de Chila en 1904.
Un hombre muy caritativo que ayudó a su pueblo; entre las obras realizadas fueron: la restauración del techo del claustro, mandó a construir el colateral del altar principal de Nuestra Señora de la Asunción, gestionó para que los terrenos del “Rancho la Virgen” o conocido también como “Corral Viejo” fueran repartidos entre los pobres.
Sostuvo por muchos años la escuela católica de la parroquia, pavimentó y alumbró la actual capilla del sagrario, formó una orquesta para los servicios del culto.
En una publicación de una revista titulada “Sentida muerte de un sacerdote” con fecha del 15 de mayo de 1938 se narra lo siguiente:
“Anoche a las 20 h. falleció el señor cura de esta feligresía, don José de Jesús Bazán. Su muerte ha causado honda impresión en todos los círculos sociales de este municipio, por haber sido casi violenta, pues, aunque por su avanzada edad padecía de algunos achaques, no se creía que tan pronto lo llevaran al sepulcro.
Hacía muchos años que se había ausentado de esta población para servir a otras parroquias, donde siempre dejó gratos recuerdos y pudo captar grandes simpatías entre sus feligreses.
Con anterioridad, varios años había permanecido en esta feligresía y mucho pudiera decirse de la personalidad de este sacerdote, pues en la época en que estuvo aquí, dejó, por decirlo así, muchas obras benéficas que siempre serán el mejor testimonio de su actuación como párroco de este lugar; y para no ser extenso, solo puede mencionarse lo siguiente:
De su propio peculio, fue construido el colateral del altar mayor que aún se ostenta en el mismo estado que lo dejó. A su iniciativa, se compró el retablo de Ánimas que está en la iglesia.
Pavimento y dio mayor luz a la capilla donde se encuentra el sagrario. Reparo parte del corredor llamado Claustro que estaba en deterioro. Proveyó de útiles y muebles a la parroquia y sacristía que se encontraba desmantelada.
Reconstruyo las bóvedas antiguas del convento, habiendo quedado en buen estado y las cuales se utilizan hasta la fecha. Formó un cuerpo de orquestas para los servicios del culto, escogiendo los jóvenes más aptos para la enseñanza de música, todos los cuales salieron aprovechados y hoy utilizan a su provecho el fruto de tal enseñanza que costeo por largo tiempo de su propio peculio, habiendo comprado a la vez todo el instrumental necesario.
Sostuvo por largos años una escuela católica donde recibieron educación muchos niños que hoy son ya hombres y que cuentan con el fruto de esa enseñanza, para todo lo cual ocupó siempre todos los recursos que podía obtener de la parroquia, pues siempre se distinguió por su desprecio al dinero y por hacer el bien a cuantos lo necesitaban, tanto en lo espiritual como en lo material, y por último era el médico de los pobres a quienes, solícito, prodigaba sus consejos en sus enfermedades y les daba gratuitamente medicinas.
Fue de firmes convicciones políticas y principalmente religiosas, las cuales conservó hasta el fin. Pudo obtener empleos más altos y honoríficos, pero siempre se mostró modesto y enemigo de honores y distinciones. Moralmente, trabajo por extinguir ciertas rencillas en el pueblo, para que solo reinara la paz y el orden, y también moralmente trabajo, conocedor como era de las extorsiones que sufrían los humildes de la raza indígena, para que el terreno del “Rancho de la Virgen” o “Corral Viejo” fuera repartido entre los pobres, terrenos que habían sido usurpados hacía tiempo por fanáticos ambiciosos.
La Providencia quiso que, después de tantos años de estar en diferentes lugares, hubiere venido a morir a su tierra natal, pues era oriundo de esta población, contemporáneo y pariente cercano del finado Obispo Amador, por cuyo motivo su muerte ha sido bien sentida en esta población.
Al reverso de muchos que solo buscan el sacerdocio para su medro personal, el Padre Bazán, siempre modesto y después de servir varios años en el ministerio, murió como mueren los justos, sin dejar capital, ni bienes de ningún género, teniendo sin duda muy presente aquellas sublimes palabras de Jesucristo: "Huid de la avaricia y no amontonen tesoros en la tierra".